Carta a mis hijos
¡Sí, hijos míos, soy policía!
Hijos:
Hoy quiero que me comprendan y que sepan que por ser policía, quizás
no puedo atenderlos como lo merecen, pero estoy luchando para darles
como herencia mi honor, mi orgullo y mi dignidad de hombre.
El ser policía, es una profesión a la vez noble e ingrata; noble
porque el ayudar a nuestros semejantes nos fortalece como seres
humanos; ingrata porque hay quienes tratan de humillarnos
ofreciéndonos una dádiva para que no cumplamos con nuestro deber, y
si alguno se ve tentado a aceptarla, entonces todos somos tachados de
deshonestos; también hay quienes nos arrojan piedras o expresan
insultos cuando cumplimos con nuestro deber, porque quisieran que la
Ley se aplicara para los demás y no para ellos.
Sepan que si a veces no los veo, o no les dedico el tiempo que
quisiera, es porque surgió una emergencia que debo atender aún cuando
mi horario haya concluido, o bien llego cansado y a veces deprimido
por saber y tener constantemente, contacto directo con drogadictos,
borrachos, asesinos, ladrones, delincuentes que en ocasiones presumen
de ser influyentes, y que por lo general se muestran irrespetuosos y
agresivos; no obstante, es nuestra obligación y deber tratarlos con
respeto y procurar garantizar sus derechos como personas.
Lo siento hijos, nosotros los policías, no podemos decir que no,
cuando sabemos que otros nos necesitan para su seguridad e
integridad, por eso aún cuando quisiera estar diariamente, cerca de
ustedes vigilando su sueño, mirándolos crecer, sonriendo con ustedes,
no lo puedo hacer porque mi deber me llama, sin embargo ustedes
siempre están conmigo, porque nunca los olvido.
Saben hijos, cuando salgo de casa no sé si volveré a verlos, porque
el trabajo de un policía, es de riesgo constante, donde en ocasiones
va de por medio la integridad física o la vida misma. Por ello les
digo que existe la posibilidad de que, algún día, mientras ustedes me
esperan para darme ese beso de bienvenida que a diario me dan, pueda
morir defendiendo la vida o la propiedad ajena, y entonces hijos, me
duele pensarlo, pero debo decírselos, ya no volverán a verme porque
habré entregado mi vida por esta sociedad, que tanto nos exige, y que
espero les ofrezca las posibilidades para que estudien una carrera
que les permita sentirse satisfechos y puedan, como yo, servir, a los
demás.
Créanme hijos, que como policía, a pesar de los riesgos, da gusto
servir a los demás y al igual que mis compañeros, me siento
importante cuando tengo la oportunidad de salvar una vida, proteger a
un inocente o detener a un criminal; estas son satisfacciones que en
otro trabajo difícilmente se tienen.
Hijos, me gusta ser policía y lucho junto con mis compañeros para que
ustedes y otros niños, jóvenes y adultos tengan la posibilidad de
desarrollarse con seguridad y caminar por las calles para llegar a la
escuela, a su trabajo o a casa, libres de sobresaltos y de miedo,
porque para eso estoy aquí y por eso ¡soy policía!
Hijos, tengan la plena seguridad de que me entrego con honradez a mi
trabajo, con el deseo de que ustedes se sientan orgullosos de mí, y
para contribuir a que sean personas de bien que en el futuro valoren
su trabajo y se sientan tan satisfechos de él como yo me siento del
mío.
Reciban un abrazo y un beso, con todo amor y cariño, de papá
C O M A N D A N T E
J .J. V. R.
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